LA UNIVERSIDAD SE PONE A DISPOSICIÓN DEL LA REPÚBLICA, EL GOBIERNO YA NO LO HIZO…

Fachada de la Casa Central de la Universidad de Santiago, en el centro de Santiago, en 1900.

Ya lo hizo en 1895, cuando albergó a la Cámara de Diputados y el Senado tras incendio que consumió el Congreso. Hoy, lo hace nuevamente, ante precario aporte gubernativo a la instalación de la Convención Constitucional que ha hecho el Ejecutivo y que lo tiene en la mira ciudadana.

Bien recibida fue en la Convención Constitucional la propuesta del rector de la Universidad de Chile, Ennio Vivaldi, para que el órgano encargado de redactar la nueva Carta Fundamental evalúe sesionar en instalaciones de los planteles públicos a lo largo de Chile.

“A través de una carta a su presidenta, Elisa Loncón, las y los rectores de las Universidades públicas hemos puesto a disposición de la Convención todas nuestras sedes e infraestructura de Arica a Puerto Williams”, comunicó esta tarde en redes sociales la máxima autoridad de la “Casa de Bello”.

Todo enmarcado en la fallida segunda sesión de la Constituyente, que en medio de un bochorno fue suspendida este lunes sin siquiera haber iniciado debido a la falta de condiciones sanitarias y de implementos técnicos. Pasadas las horas, las críticas y las evaluaciones, la mesa presidida por Loncón salió informar que tampoco se llevará a cabo la sesión de este martes.

Acto seguido, el vicepresidente de la Convención, Jaime Bassa, anunció que junto a Loncón se reunirán “temprano” hoy con el rector Vivaldi “para evaluar su propuesta y garantizar el trabajo constituyente”.

“Estos son los gestos que el país necesita para construir una institucionalidad al servicio del interés general”, agradeció el abogado.

En paralelo a eso, el Archivo Central Andrés Bello, de la U. de Chile, aprovechó la situación para recordar cuando “la Universidad también se puso a disposición de la República”: en 1985, tras un incendio que afectó a la sede del Congreso, justamente el edificio de Santiago que ahora está destinado a albergar las sesiones plenarias de la Convención.

Según rememora la Biblioteca del Congreso Nacional (BCN), el 18 de mayo de 1895 estalló un feroz siniestro que “destruyó gran parte del edificio de la calle Compañía”.

El fuego había comenzado en las oficinas de la planta alta del Senado, en el sector de calle Morandé. “Las pérdidas tangibles como patrimoniales fueron cuantiosas, ya que prácticamente todo el mobiliario del Senado y su alhajamiento quedó reducido a cenizas; al igual que la Biblioteca y los archivos del Congreso: el del Senado fue consumido en su totalidad”.

En la tragedia resultaron dañados diversos objetos de valor patrimonial: la mesa que usó Bernardo O’Higgins en su abdicación; el archivo de la Dirección General de Obras Públicas, donde se guardaban los planos de las obras públicas realizadas desde la independencia, además de los proyectos a ejecutarse; más las estatuas de mármol de Sócrates y David”.

“Alcanzaron a ser salvados de las llamas los archivos de la Cámara de Diputados, los muebles y estanterías y algunas de las lámparas de bronce, además del gran reloj del Senado”, puntualizó la BCN.

Ambas Cámaras debieron buscar nuevos lugares donde seguir funcionando. El Senado y la Cámara de Diputados comenzaron a sesionar en el Salón de Honor de la Casa Central de la Universidad de Chile.

Con el correr de las semanas, la Cámara Baja permaneció allí, mientras que el Senado se trasladó al edificio que albergaba a la Sociedad de Fomento Fabril, la Sociedad Nacional de Minería y el Consejo de la Quinta Normal de Agricultura, ubicado en calle Moneda.

En julio de ese año, desde las cenizas, se inició el proceso de reconstrucción del inmueble, según detalla el Senado. Tras rechazar los anteproyectos de los arquitectos Emilio Doyere y Eugenio Joannon, la Cámara Baja y la Cámara Alta decidieron encargarle a un nuevo actor el diseño del proyecto definitivo: es así como el 4 febrero de 1896 el Ministerio del Interior contrató al arquitecto francés Carlos Bunot, quien pasó a ser el responsable exclusivo de las obras.

Tras cinco años de trabajos y apuros, el 1 de junio de 1900 el Senado y la Cámara de Diputados volvieron a sesionar en las dependencias del Congreso Nacional en Santiago. Sin embargo, estas dependencias sufrieron nuevos daños producto del terremoto de agosto de 1906, de magnitud 8,2 y que tuvo su epicentro en Valparaíso. Tras ello, se inició un nuevo camino de reconstrucción. (Publicación de Radio Cooperativa)